Noche amarga, noche oscura, que hipnotizas hasta el más mínimo ser que pasa por debajo de tu gran bóveda negra. Luna que llegas a iluminar la más oscura pasividad, vuelve hacia mí como relámpago hacia la tierra, vuelve hacia mi corazón para que puedas llenar la soledad que me entristece. Y tú, gran amante de mis fantasías, tú que brillas como la más preciada joya esculpida por los arquitectos del universo, tú que partes hacia lugares inesperados, lugares con incierto fin, lugares donde tu alma y la mía danzan al ritmo del compás del movimiento del sol. Mas tu alma no sigue el paso arduo y lento de la canción compuesta para los dos, ronda como fantasma en la niebla perdiendo su rumbo de todo aquello que alguna vez estuvo ahí. Sola se quedará la mía, en la oscuridad de la noche, mirando hacia las estrellas haber si alguna de ellas le concede el deseo que te quedes y no rompas mi corazón.