5 minutos de desahogo. En el mundo existen personas complacientes, a las que a todo el mundo le dicen que sí sin importar las consecuencias. Esas personas que se ilusionan de saber que alguien más les está arreglando la vida; de que hay alguien más que está por fin pensando en ellas. Lo que la vida le muestra a esta clase de personas es que no hay personas complacientes para complacerse entre ellas; no hay personas que complazcan a alguien que complace. Los llantos de mi madre todos los días ya son un ruido más que la calle hace, que un carro emite al pasar o cuando suena una sirena. Es tan normal que a veces ni siquiera me levanta un mínimo sentimiento de desasosiego ni angustia, sino sentimientos de espanto, desesperación y odio por saber qué más habré hecho para indisponerla. Cuando un complaciente espera encontrar otro complaciente es cuando su alma entristece; porque espera por un momento que alguien le devuelva lo que él hace por los demás. ...
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