5 minutos de desahogo.

En el mundo existen personas complacientes, a las que a todo el mundo le dicen que sí sin importar las consecuencias. 

Esas personas que se ilusionan de saber que alguien más les está arreglando la vida; de que hay alguien más que está por fin pensando en ellas. Lo que la vida le muestra a esta clase de personas es que no hay personas complacientes para complacerse entre ellas; no hay personas que complazcan a alguien que complace. 

Los llantos de mi madre todos los días ya son un ruido más que la calle hace, que un carro emite al pasar o cuando suena una sirena. Es tan normal que a veces ni siquiera me levanta un mínimo sentimiento de desasosiego ni angustia, sino sentimientos de espanto, desesperación y odio por saber qué más habré hecho para indisponerla. 

Cuando un complaciente espera encontrar otro complaciente es cuando su alma entristece; porque espera por un momento que alguien le devuelva lo que él hace por los demás. 

Entonces, ¡hasta qué punto un alma complaciente se cree capaz de juzgar a los demás cuando piden algo a cambio si él, intrínsecamente con su queja desmedida, pide diariamente un poco de afecto y complacencia!

Los complacientes son los más egoístas a mi parecer; hacen las cosas por pedir cariño, afecto y aceptación por los demás. Todos los días pienso en que no quisiera ser como ella, siempre pidiendo atención al extremo, llenando de tristeza, odio y resentimiento a las almas que se encuentran a su lado y que sólo conocen una versión de la historia. Y todos los días alguien externo me dice lo mucho que me parezco. 

Cuando me ponen a escribir qué es lo que yo no quiero en mi vida, siempre escribo que lo que no quiero en la vida es ser como ella; pero sé que soy tan igual que prontamente empezaré a llorar con angustia y desesperación porque no me dan lo que yo les doy todos los días. 

Y no, no soy una mala persona hasta donde creo, lo que sí sé es que muchos dirán que soy la peor hija del mundo, y hasta ella lo dirá en su lecho de muerte o en el cielo cuando se vaya, que siempre quien es mal hijo, será malo en todo en su vida, y la vida misma se encargará de castigar a los que no honran a sus padres. Pues bien, también soy muy consciente de ello. 

La vida decidirá finalmente, como una complaciente que soy, hasta donde me deja llevar. 

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