Cuento Cursi
Cae la noche y la amargura invade el corazón de ella, una mujer blanca, de uno con ochenta metros de alto, nariz respingada y cabello oscuro. Lleva consigo una peineta azul que recoge su cabello de medio lado haciéndola parecer de esas señoras de arrugas que se miraban al espejo en medio de un recital de ópera de los años 50. Camina por el balcón mirando la luna llena acompañada de miles de pequeños puntos brillantes, esperando con ansias alguna que caiga fugazmente para pedir el único deseo que aguarda en su corazón: una sonrisa. Recordaba como hace algunos años esta cosa extraña que hacía sus mejillas convertirse en dos pequeños tumultos de piel al lado de su cara, sus ojos en medias lunas brillantes y sus dientes en esos cuadros perfectamente blancos que muchos admiraban, ahora era algo que sólo lo veía en las revistas. Tan sólo era él quién hace algunos años despertaba en ella desde un leve enrojecimiento en sus mejillas hasta los máximos deseos de pasión que alguien no t...