5 minutos de desahogo. En el mundo existen personas complacientes, a las que a todo el mundo le dicen que sí sin importar las consecuencias. Esas personas que se ilusionan de saber que alguien más les está arreglando la vida; de que hay alguien más que está por fin pensando en ellas. Lo que la vida le muestra a esta clase de personas es que no hay personas complacientes para complacerse entre ellas; no hay personas que complazcan a alguien que complace. Los llantos de mi madre todos los días ya son un ruido más que la calle hace, que un carro emite al pasar o cuando suena una sirena. Es tan normal que a veces ni siquiera me levanta un mínimo sentimiento de desasosiego ni angustia, sino sentimientos de espanto, desesperación y odio por saber qué más habré hecho para indisponerla. Cuando un complaciente espera encontrar otro complaciente es cuando su alma entristece; porque espera por un momento que alguien le devuelva lo que él hace por los demás. ...
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¿Escribimos un cuento? Qué sensación tan extraña, en donde las lágrimas ya no quieren salir más y en el que el corazón se vuelve cada vez más pequeño. Y entonces escucho que mi corazón se mueve con diferentes ritmos que salen con un lugar, con un olor, con un sabor, con un recuerdo, con un sueño, con un objeto... Hoy, hace un año y un mes, mi corazón palpitaba a mil revoluciones, no sabía qué hacer, no sabía cómo poder expresar que en menos de 5 días, celebraría el hecho de darles las llaves de mi universo extraño, negro y tenue en el que vivo, a una personita que si entraba en él, podría encontrar a los peores demonios y a la oscuridad más oscura que un universo podría tener. Pero, ¿quién sería la personita que fuera tan valiente de entrar en ese universo? Tendría que ser una guerrera, tendría que tener miles de armas para combatir la oscuridad, para ser valiente y luchar cada segundo con algo inesperado. Tendría que ser alguien lleno de luz, que ...