Demonios


Un demonio interno que me persigue, un demonio interno que carcome el alma cada vez que aparece en la mente y nubla todas las ráfagas de luz. 

Un demonio interno que desvanece un coqueteo, una mirada, una sonrisa. Un demonio interno que desaparece momentáneamente cuando estoy con alguien pero que apenas no siente calor, surge de las llamas inmediatamente. 

Y es que este demonio se alimenta de detalles, de palabras.. o mejor, de la espera a que lleguen esas palabras. 

La mente juega constantemente con él, danzan al mismo ritmo y en ocasiones hacen una gran fiesta llena de acordes, luces de colores y brillantes copas. 

Crece. Crece constantemente y se está mostrando últimamente más que en momentos pasados y no es bueno. Es como un hijo que se mantiene dentro de mí, que lo siento, que sé que existe pero que no muchos saben de su existencia. Y que nadie más debería saber. 

El olvido, el esperar una palabra de aliento, el esperar una llamada, un mensaje, una presencia... y de ahí, frases llegan volando a mi mente a una velocidad extra rápida llegando cada vez a la misma conclusión: estoy debajo del mundo. 




Comentarios

Entradas más populares de este blog

Cuento Cursi

Se leyó mal el manual de funcionamiento